Como Una Espiga En Un Pajar

En Latinoamérica: Curso de Colecta, Procesamiento y Conservación de Semillas de Parientes Silvestres de Cultivos Prioritarios Fortalece Capacidades en Recursos Genéticos (RRGG) para la Seguridad Alimentaria Mundial

Aquel día de Febrero, los colectores de semillas se encontraban en los Andes, en la zona fronteriza entre Chile y Argentina. A 3,200 metros sobre el nivel del mar, se habían dispersado a lo largo y ancho de la vega del Río Colorado. En silencio, caminaban, lentamente, y con la vista al suelo; absortos en sus quehaceres, parecían ignorar la belleza natural que les rodeaba: esas montañas, que en invierno se cubren de nieve, se erguían estoicamente hacia el firmamento azul. El sol del verano Chileno, implacable, se reflejaba en las laderas, resaltando el ocre, el anaranjado, y el verde de las vetas que confirmaban la riqueza mineral de la zona. No había una nube en el cielo.

El grupo de colectores de semillas estaba compuesto por 16 hombres y mujeres provenientes de seis países latinoamericanos. En ese lugar, que a primera vista parecería tan inhóspito, se habían dado la tarea de recolectar cebada antártica, nombre científico Hordeum pubiflorum, y uno de los pariente silvestres de la cebada (Hordeum vulgare), quinto cultivo más producido en la tierra, el cual fue domesticado hace unos 10,000 años en el Creciente Fértil (región histórica que abarcaría los territorios del Antiguo Egipto, el Levante mediterráneo y Mesopotamia).

La especie Hordeum pubiflorum, así como los otros parientes silvestres de los cultivos más importantes para la humanidad, tiene características que las plantas domésticas carecen — resistencia a plagas o enfermedades o a sequías, por ejemplo. Hoy en día, con el fin de hacerle frente a los retos que trae consigo el cambio climático, productores y fitomejoradores buscan integrar esas características a nuestros cultivos.

“Para hacer esto, primero necesitamos identificar prioridades de conservación, y posteriormente colectar y conservar estos parientes silvestres” dice Hannes Dempewolf, del Crop Trust.

Urge colectar más del 70% de las especies de parientes silvestres de cultivos esenciales, afirma nueva investigación.

 

Con el apoyo del Crop Trust y los Jardines Botánicos Reales Kew, instituciones en 23 países se han dado la tarea de colectar los parientes silvestres de los 29 cultivos más importantes para la seguridad alimentaria mundial. Pero colectar semillas de estas plantas no es una tarea fácil.

Selva, desierto, tundra o pradera – el colector de semillas se adentra a espacios naturales poco frecuentados por el humano, a lugares recónditos y remotos. El colector lleva mapas, notas y libros, como el pirata que sale a la caza de un tesoro escondido. Lo más impredecible es llegar a una población grande de plantas en estado sano, adecuado para la colecta de semillas — en las faldas de una montaña, a orillas de un arroyo, o al borde de las vías de un tren.

El colector de semillas debe ser un optimista obstinado y temerario que se deja guiar por sus convicciones y sus instintos. Pero ese espíritu emprendedor no es suficiente para cumplir su misión. Es fundamental adquirir el conocimiento y saber utilizar la tecnología apropiada para colectar exitosamente las semillas de los parientes silvestres.

Cursos de Capacitación

Con el fin de combinar talento, compromiso y competencia, el Crop Trust y Kew, bajo el Proyecto CWR, han organizado una serie de capacitaciones en colecta y conserva de parientes silvestres en varios lugares del mundo. Institutos nacionales en un total de 35 países — incluyendo Vietnam, Uganda, y Malasia, por ejemplo – ya se han beneficiado de este esfuerzo.

El curso más reciente se llevó a cabo en Vicuña, Chile, en donde se dieron cita 16 técnicos de seis países latinoamericanos: representantes del Instituto de Ciencia y Tecnología (ICTA), Guatemala; la Universidad de Costa Rica, Costa Rica; el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP), Ecuador; el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), Perú; Embrapa, Brasil; y el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), Chile.

El curso fue co-organizado con el INIA Chile, y duró una semana. El programa mezcló teoría, con prácticas y talleres de laboratorio y campo. “Buscamos involucrar a los participantes de manera muy activa, para motivarles e informarles,” dice Michael Way, instructor del curso por parte de Kew.

El colector de semillas debe ser paciente y persistente. Y tener un buen ojo, ya que en el campo, la identificación es el primer paso en una colecta. “Ya sea el color de la planta o la flor, o la forma de sus hojas, o la vecindad en la que vive, y las especies que crecen a su alrededor — todo detalle nos ayuda a confirmar la presencia – o no – de ese pariente silvestre que buscamos,” dice Michael.

Una vez identificada la especie, se debe analizar el tamaño (y los límites) de la población, la diversidad de la misma, y si es el momento apropiado para la colecta de semillas.

“El curso aborda estos temas y muchos otros, como el análisis de la viabilidad de las semillas, las estrategias de colecta de semillas, así como la recopilación de la información que acompaña a las muestras recolectadas”, añade Michael. “Otro tema crucial es el envío correcto de las semillas a otros bancos de germoplasma para su conservación.”

En Chile, los participantes visitaron dos sitios de colecta:

  • En las montañas de los Andes se recolectó Hordeum pubiflorum (cebada antártica), especie priorizada por el Proyecto CWR-Chile. A orillas del Río Elqui, los participantes colectaron más de 2,500 semillas provenientes de unas 250 plantas. “Y regresando a Vicuña, en un lugar llamado Miraflores, recolectamos Solanum eleagnifolium”, dice Sergio Ibañez, del INIA Chile. “Con el Solanum hicimos pruebas de corte de semillas y también preparamos muestras de herbario.”
  • Cerca de la costa Pacífica, en Talinay, se recolectó Hordeum chilense, otro pariente de la cebada. “Para maximizar la diversidad en la colecta, los participantes se dispersaron y trabajaron en una formación de cuadricula o red”, dice Michael. “Seguidamente, en las cercanías de una mina de cuarzo, se recolectó Solanum pinnatum y Solanum furcatum, que los participantes luego separaron en base a sus características de flor y de hojas.” (Cabe añadir aquí que las especies de Solanum que fueron encontradas durante estos ejercicios no son parientes muy cercanos a los cultivos sin embargo el desarrollo de sus semillas y frutos son comparables, y fue útil estudiarlos en el campo,” enfatiza Michael.)

Siendo las poblaciones de los parientes silvestres muy poco conocidas, los retos son grandes en el campo. “Es difícil llegar al sitio de colecta. Es difícil confirmar que la planta identificada es la deseada. Es difícil también seleccionar el mejor material para asegurar que la colecta tenga la más alta calidad posible”, dice Michael.

En una expedición de colecta, por muy preparado que crea estar el colector, con su Guía de Colecta bajo el brazo, y los instrumentos de colecta en su mochila (un higrómetro para medir la humedad de las semillas, una lupa, tijeras, etiquetas, etc.), llegará un momento en donde el colector deberá abordar decisiones difíciles:

  • ¿Las semillas se encuentran en la etapa de maduración adecuada? ¿Tienen la calidad física deseada, para ser colectadas?
  • ¿Cómo capturo la máxima diversidad genética de esta población en este sitio? ¿Cuál es la mejor manera de llevar a cabo la colecta?
  • ¿Cuantas semillas se tienen colectar de cada planta?

“Precisamente, el curso prepara a los participantes a tomar este tipo de decisiones,” dice Michael. “Y no me queda duda de que los participantes Latinoamericanos regresan a sus respectivos países listos para cumplir con sus metas de colecta de semillas.”

“Agradecemos al INIA Chile, que nos ayudó mucho en la logística del curso, y puso a nuestra disposición total la infraestructura de su banco base de semillas, en Vicuña, para todas nuestras prácticas y talleres.”

Por su parte, Fernando Ortega, Coordinador del Programa Nacional de Recursos Genéticos, INIA Chile, asegura que “este gran proyecto, más allá del hecho físico de colectar semillas, nos inserta en una metodología de trabajo, de cooperación internacional.”

Y para concluir, Hannes agrega: “somos muy afortunados de contar con instituciones – y colegas dentro de estas instituciones – que están muy comprometidas con la conservación de la agro-biodiversidad.”

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